„Chile en las urnas (1989-2025): Un pincelazo a las elecciones presidenciales desde el Retorno a la Democracia“ de Melanie Arriagada

A partir de los vaivenes electorales reflejados en los resultados en las urnas, el presente artículo pretende delinear, a grandes rasgos, los ires y venires del voto popular desde una perspectiva estadística para arrojar luz sobre la polarización política en Chile.

Desde el fin de la Dictadura Militar (1973-1990), las elecciones presidenciales en Chile bien pueden caracterizarse como marcadamente pendulares. ¿Cuándo comenzó esta oscilación? ¿Y cómo se ha configurado el panorama electoral desde el Retorno a la Democracia en 1990? ¿Quiénes han sido sus protagonistas políticos? ¿Y sobre qué —nuevos— ejes se disputa el mandato presidencial en el país? Estas interrogantes se examinarán en los siguientes apartados a través de un análisis guiado por los resultados en las urnas.

Patricio Aylwin (1990-1994) y Eduardo Frei (1994-2000)

Inmediatamente después del Retorno a la Democracia en 1990, los Gobiernos de Patricio Aylwin (1990-1994) y la subsecuente presidencia de Eduardo Frei (1994-2000) se cimentaron sobre un avasallador apoyo electoral, triunfando en las urnas con el 55% y el 57,98% de los votos, contra el 29,40% y el 24,41% de sus opositores más cercanos, respectivamente. Ambos presidentes fueron candidatos de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición fundada en 1988 bajo el nombre de Concertación de Partidos por el NO.

La Concertación, como pasaría a abreviarse en el léxico popular, dio inicio con la elección de Patricio Aylwin en 1989 a un legado político que se extendería ininterrumpidamente por cuatro administraciones consecutivas, asegurando su lugar en la sede del Gobierno de Chile, el Palacio de La Moneda, desde 1990 a 2010. Incluso, ya habiendo perdido el mandato presidencial en 2010 y hasta su disolución en 2013, la “Concertación” se transformó en el principal bloque opositor del gobierno de centroderecha de Sebastián Piñera.

La aprobación popular de la Concertación podría calificarse, a partir de los resultados electorales que la respaldaron, indudablemente como robusta. Sin embargo, bajo la superficie y a partir de la elección de Ricardo Lagos, comenzó a hacerse cada vez más visible una tenue pero creciente efervescencia en la intención de voto de la población, la cual decantaría finalmente en los recurrentes balotajes a partir de 1999 y que hoy ya se han consolidado como un sine qua non de la carrera presidencial por el Palacio de La Moneda.

Ricardo Lagos (2000-2006)

Pasados poco menos de 10 años desde el Retorno a la Democracia, durante las elecciones presidenciales de 1999 comenzaron a aparecer incipientemente los primeros indicios de un vaivén de poder que marcaría un panorama electoral que alcanzó su cúspide en la elección presidencial de 2025.

En vistas del mandato presidencial 2000-2006, las elecciones de 1999 entre el candidato centroizquierdista Ricardo Lagos (Partido por la Democracia, PPD) y el centroderechista Joaquín Lavín (Unión Demócrata Independiente, UDI) causaron un sismo político al terminar técnicamente empatados en primera vuelta con 47,96% y 47,51% de los votos, respectivamente. En la segunda vuelta se habló de una contienda voto a voto o puerta a puerta, la que se definió en la presidencia de Ricardo Lagos con una victoria alcanzada gracias a un repunte hacia el 51,31% de los votos frente al 48,69% de su contendor.

Estos resultados, en la superficie, permitían seguir demostrando el consolidado protagonismo político y el ininterrumpido legado a nivel presidencial de los partidos de izquierda, centroizquierda y centro, fusionados dentro de la Concertación de Partidos por la Democracia. Pero ya entrado el nuevo milenio, la carrera electoral de 2005-2006 para el periodo presidencial 2006-2010 volvió a replicar la polarización en las urnas, una tensión cuya antesala fueron las elecciones de 1999.

Michelle Bachelet (2006-2010) – Primer Gobierno

A partir del 2005 comienza un particular proceso de alternancia de administraciones entre candidatos de polos políticos diametralmente opuestos. Esta tendencia se hace evidente a partir de la rotación de los gobiernos entrantes y salientes encabezados por Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. En un período que abarca 16 años, los resultados de las elecciones presidenciales forjaron una cadena de relevo a nivel político y presidencial con eslabones de cuatro años de duración: Bachelet 2006-2010, Piñera 2010-2014; Bachelet 2014-2018; Piñera 2018-2022.

Iniciando este ciclo se encuentra la carrera presidencial del 2005 para el mandato 2006-2010. La candidata Michelle Bachelet (Partido Socialista, PS) y el candidato centroderechista Sebastián Piñera (Renovación Nacional, RN, luego Independiente) lideraron una carrera presidencial que terminó, tal y como lo vaticinaban las elecciones anteriores, irrevocablemente en una segunda vuelta. El margen que impulsó el balotaje no tuvo las dimensiones numéricas de 1999: Michelle Bachelet llegó con un holgado 45% de las preferencias, mientras que Sebastián Piñera inició la campaña de segunda vuelta con solo el 25% de los votos. El proyectado respaldo electoral de derechistas afines al conservadurismo liberal y que habían dado su voto a la tercera preferencia presidencial, Joaquín Lavín (23%), finalmente no logró llevar al candidato Sebastián Piñera a la presidencia, quedándose solo con el 46% de los votos frente al 53% alcanzado por Michelle Bachelet.

La llegada de Michelle Bachelet al Palacio de La Moneda el 11 de marzo de 2006 marcaría no solo un hito histórico al iniciar un legado único en la política nacional: la elección de la primera mujer presidenta en la historia de la República de Chile. Su juramento se encargaría, al mismo tiempo, de mantener otro legado político nacional, uno apuntalado ya desde el Retorno a la Democracia: la permanencia de los partidos de izquierda en la presidencia.

Esta doble victoria permite realizar una radiografía a la carrera por liderar las urnas. Si bien el triunfo de Michelle Bachelet contribuyó con el aseguramiento de la transición de poder a colores políticos ya establecidos, el proceso electoral demostró que el camino hacia el Palacio de La Moneda se había tornado cada vez más sinuoso y volátil conforme pasaban los años. El primer mandato de Michelle Bachelet marca, en retrospectiva, el punto de inflexión en el que el péndulo comenzaría a oscilar imparablemente entre Gobiernos de derecha y de izquierda en la moneda. Como se haría patente en las elecciones de 2021, este vaivén, impulsado eventualmente por asuntos sociopolíticos mediatos e inmediatos a nivel de país, habría de desplazar progresivamente el sufragio incluso hacia nuevos puntos fuera del espectro político-electoral tradicional.

Sebastián Piñera (2010-2014) – Primer Gobierno

La aguja electoral recibiría su primer impulso en un ir y venir entre polarizaciones partidistas a partir de las elecciones de 2009. Imposibilitados constitucionalmente de presentarse a una reelección, el único punto en común entre los partidos de derecha y de izquierda fue el de apostar en este contexto electoral por rostros de candidatos conocidos para asegurar el retorno al poder. En su segunda carrera hacia la presidencia, Sebastián Piñera (Renovación Nacional, RN) se impuso, en segunda vuelta, a un candidato que enfrentaba, al igual que él, su segunda carrera presidencial, aunque esta vez como expresidente de la República de Chile: Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Partido Demócrata Cristiano, PDC).

La segunda vuelta marcó para el expresidente un incremento importante del voto general en un 63%, alcanzando en el balotaje el 48% de los votos. El mandato terminó por recaer, con el 51% del sufragio, en Sebastián Piñera, quien, al asumir como presidente, puso fin a 20 años de Gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia. El péndulo quedaba, al menos por su mandato, en el polo centroderechista del eje político.

La ceremonia del Cambio de Mando Presidencial, celebrada tradicionalmente el 11 de marzo en el Salón de Honor del Congreso Nacional de Chile en Valparaíso, enfrentó, nuevamente, a un binomio conocido en la política nacional: los otrora contendores a la presidencia en las elecciones de 2005, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, volvieron a compartir el foco de la atención política nacional. Esta vez, sin embargo, Michelle Bachelet figuraba como presidenta saliente y Sebastián Piñera como presidente entrante. Esta imagen se replicaría, con los mismos protagonistas, pero en diferentes roles, en las siguientes elecciones presidenciales.

Michelle Bachelet (2014-2018) – Segundo Gobierno

Las candidatas que figuraron en la papeleta presidencial en el proceso electoral de 2013, si bien fueron las abanderadas de partidos diametralmente opuestos en el eje político nacional, estaban unidas por un pasado marcado por la Dictadura Militar. Michelle Bachelet, hija del general Alberto Bachelet, quien fuera arrestado y posteriormente falleciera torturado por oponerse al Golpe de Estado, se enfrentaba en las urnas a Evelyn Matthei, hija del general Fernando Matthei, excomandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile y exmiembro de la Junta de Gobierno de la Dictadura.

La configuración del proceso electoral, ya dispuesta en una saga conformada por una primera y una segunda vuelta, marcaría nuevamente el curso de la elección presidencial de 2013. Michelle Bachelet se alzó en primera vuelta con el 46% de las urnas, mientras que la candidata de centroderecha Evelyn Matthei (Unión Demócrata Independiente, UDI) solo superó ligeramente el 25% de los votos. A falta, nuevamente, de una mayoría absoluta, la segunda vuelta resultó en una avasalladora victoria de Michelle Bachelet por sobre la candidata de la UDI, alcanzando una votación mayor a la de sus pares concertacionistas recién retornada la democracia: el 62% de los votos a su nombre en contra del 37% de la candidata opositora le aseguró a Michelle Bachelet un segundo mandato como presidenta de la República de Chile, marcando nuevos hitos históricos y políticos a nivel nacional. Michelle Bachelet no solo fue la primera mujer reelecta de Chile, sino que es el séptimo presidente reelecto mediante elecciones en la historia republicana del país.

La tracción hacia la Concertación experimentada en las urnas con el rotundo favoritismo hacia Michelle Bachelet en la contienda electoral pudo haberse interpretado, en un examen optimista, como un promisorio logro para el restablecimiento de la izquierda chilena como partido oficialista. Numéricamente, el porcentaje de votos a favor de la candidata concertacionista superó no solo a los de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, expresidentes de la misma coalición. En su contraste con la oposición, las cuentas alegres de la segunda vuelta de Michelle Bachelet también se tornaban aún más prometedoras si se les comparaba con el magro resultado obtenido por la abanderada de la UDI. Solo en puntos porcentuales, la victoria de Michelle Bachelet representaría la proporción más alta obtenida en una carrera presidencial en la historia reciente de Chile (Martner, 2014, p. 29). La derrota de Evelyn Matthei fue contundente, recibiendo el porcentaje más bajo para un candidato de centroderecha desde las elecciones de 1993. Estos resultados hacían vaticinar un sólido giro a la izquierda chilena, tornando a la derecha en una mera “minoría sociológica” (Martner, 2014, p. 29).

El 11 de marzo de 2014, Michelle Bachelet recibe, por segunda vez, la Banda Presidencial de la República de Chile, esta vez, del presidente saliente, Sebastián Piñera. La vista parecía favorable en cuanto a la disposición social del país hacia la izquierda demostrada en las urnas (Martner, 2014, p. 29), si no fuera por la elección de 2017. El péndulo comenzaría, nuevamente, con su vaivén.

Sebastián Piñera (2018-2022) – Segundo Gobierno

La campaña presidencial de 2017 trajo a la papeleta nombres ya conocidos (Sebastián Piñera, Independiente, situado en el espectro de la derecha; Marco Henríquez-Ominami, Partido Progresista, situado en el espectro de la izquierda) y otros que se harían reconocer en procesos electorales posteriores (José Antonio Kast, Evópoli, situado en el espectro de la derecha). Sebastián Piñera volvería a la contienda por el Palacio de La Moneda en lo que se convertiría en su tercera y última carrera presidencial. La fórmula de la centroderecha de presentar a un expresidente replicaba la exitosa estrategia concertacionista confirmada por Michelle Bachelet (Partido Socialista) en el periodo electoral de 2013.

Como ya era de esperar, las elecciones fallaron en arrojar una mayoría absoluta en la primera vuelta. Sebastián Piñera pasó a la segunda vuelta con una ventaja del 36% de los votos contra el 22% de su contendor de centro/centroizquierda, el sociólogo, periodista, político y reconocido panelista del programa televisivo de política “Tolerancia Cero”, Alejandro Guillier (Partido Radical Socialdemócrata, PRSD, luego Independiente, finalmente candidato del partido centroizquierdista Partido por la Democracia, PPD).

A diferencia de las elecciones de 2013, los resultados de la segunda vuelta no tuvieron el cariz categórico en términos de la brecha porcentual a favor del presidente electo: un margen de un poco más del 10% terminaría por adjudicarle la presidencia, por segunda vez, al candidato centroderechista Sebastián Piñera. Con un 54% frente al 45% de los sufragios, el impresionante trasvase de votos logrado por Alejandro Guillier durante la segunda vuelta puso de manifiesto, pese a su derrota en las urnas, la abultada remontada a la que era posible acceder en el segundo tiempo de la campaña presidencial. En efecto, Alejandro Guillier logró un alza del 110% con respecto a los resultados de la primera vuelta, casi el doble de lo alcanzado por la campaña de Sebastián Piñera, con un 57% de alza en el sufragio a su favor.

Sebastián Piñera jura el 11 de marzo de 2018 como presidente de la República de Chile, cerrando, con su gobierno, el evidente relevo entre rostros y partidos que se configuró como escenario político a partir del 2006. El traspaso de la Banda Presidencial entre la presidenta saliente y el presidente entrante dejó plasmada una imagen que, nuevamente, resultaba familiar al contar tanto con un reparto como con una trama conocida.

Sus protagonistas realizaron, en esta nueva versión de la ceremonia del Cambio de Mando Presidencial, un acto que podría parecer iterativo, si no fuera porque este sería el eslabón final de una cadena de cuatro administraciones presidenciales entrelazadas por dos expresidentes. Nuevamente, los protagonistas se presentaron con roles invertidos. En esta versión, ya no era Sebastián Piñera quien le entregaba la Banda Presidencial a la expresidenta Michelle Bachelet para marcar su segundo mandato, como en 2014. Ahora le correspondía a la expresidenta saliente traspasar la Banda Presidencial al también expresidente Sebastián Piñera, para que este jurara su segundo mandato como presidente de Chile.

Con ello, la administración de Sebastián Piñera aseguraba, al menos por los cuatro años de su gobierno, el retorno del péndulo desde la izquierda al eje de derecha dentro del espectro político nacional.

Gabriel Boric (2022-2026)

Las elecciones de 2021 se encontraban con un país que ya había experimentado uno de los movimientos sociales más influyentes y transversales en su corta historia, el “Estallido Social” de 2019, y que, además, estaba siendo azotado por la pandemia del COVID-19.

Las elecciones presidenciales de 2021 no hicieron más que consolidar y, a su vez, extender la concatenación de polarizaciones ya patentes en el escenario político nacional, si bien con una diferencia específica en su composición. Mientras que las motivaciones de los votos son siempre personales y particulares al electorado, el profundo descontento expresado durante el “Estallido Social” a partir de octubre de 2019 (entre otros, contra la clase política en general) parece haber movido la aguja política en dos direcciones antes inexploradas.

La desazón popular, neurálgica de las protestas a nivel nacional, gatilló la búsqueda de respuestas en agendas políticas novedosas, frescas, ágiles, más afines al proyecto país que se generaba tácita y orgánicamente dentro del movimiento social. El distanciamiento de los partidos políticos tradicionales, con agendas cansadas y deslavadas, puede evaluarse como sintomático de una demanda de respuestas políticas para las cuales estos ya parecían ni poder estar ni poder ponerse a la altura de los petitorios populares.

En las elecciones presidenciales de 2021 para el mandato 2022-2026, tal pesquisa se reflejó tanto en la papeleta electoral como en las urnas. La elección de Gabriel Boric Font en 2021 como Presidente de la República marcó el ingreso de partidos políticos al Palacio de La Moneda que, si bien contaban con una breve trayectoria en la arena política chilena, lograron alcanzar rápidamente la cúspide del poder. En efecto, Gabriel Boric, como militante del partido de ideología progresista de izquierda/centroizquierda Convergencia Social (CS, fundado en 2018) y posterior candidato del Frente Amplio (FA, fundado en 2017), representa un hito en la historia política del país. Convergencia Social no solo ostenta el reconocimiento de ser el partido político más joven en lograr que su candidato alcance la presidencia de Chile, esto, a tan solo tres años de su fundación. Gabriel Boric, además, fue, a sus entonces 36 años, el presidente más joven en la historia de Chile en el Palacio de la Moneda y el primer presidente nacido después de la Dictadura Militar. Sin embargo, su llegada a la presidencia fue, al igual que la larga cadena de procesos electorales que le precedieron, sinuosa. Su contendor directo: José Antonio Kast.

Pese a todas las diferencias políticas evidentes entre ambos candidatos, este proceso electoral permite evidenciar un denominador común entre ellos, uno que, al mismo tiempo, replica procesos anteriores. Al igual que Gabriel Boric, la candidatura presidencial de José Antonio Kast para el periodo electoral de 2021 también fue apoyada por un partido político neófito en el ámbito nacional. José Antonio Kast fue, en ese entonces, militante del Partido Republicano de Chile (PRCh), partido fundado en 2019 y tildado, a su vez, de extrema derecha (Montes, 2022) o de ideología de derecha radical populista (cf. Campos Campos, 2021).

La irrupción de ambas candidaturas, en un panorama electoral donde dos jóvenes partidos lideraron las preferencias de los votantes, produjo un remezón político. Que las elecciones desembocaran en una segunda vuelta, en vista de la ininterrumpida tendencia iniciada en 1999, fue casi un trámite electoral. Lo inesperado fue la clave que dio pie al balotaje. José Antonio Kast pasó a la segunda vuelta en primer lugar con el 27% de los votos. Gabriel Boric lo secundó con 25% de las preferencias.

El péndulo electoral, que invariablemente oscilaba entre los ejes de la derecha y de la izquierda política chilena, parecía detenerse, por primera vez desde 2005, en uno de los dos polos, manteniendo, aunque solo por semanas, la aguja en el espectro político de la derecha. La segunda vuelta puso el péndulo nuevamente en movimiento, restaurando el vaivén que ya se ha vuelto endémico de las elecciones presidenciales chilenas.

La recalibración de la aguja hacia la izquierda política como resultado de la segunda vuelta fue vertiginosa, impulsada, a su vez, por una impresionante remontada en las urnas: Gabriel Boric revirtió su segundo lugar con un alza del 154% de los votos en relación con la primera vuelta, alcanzando el Palacio de La Moneda con el 55% de las urnas y adjudicándose, además, el título de ser el presidente más votado en la historia de Chile. Por su parte, José Antonio Kast se quedó con el 44% de las preferencias en la segunda vuelta, incrementando el número de votantes en comparación con la primera vuelta en un 86%.

José Antonio Kast (2026-2030)

Las elecciones de 2025 para el actual mandato presidencial 2026-2030 contaron con una variopinta papeleta compuesta por rostros nuevos, conocidos o repitentes, así como partidos recientemente fundados y otros de larga trayectoria en la política nacional. El comparativamente ‘joven’ Partido Republicano (PRCh) volvió a presentar a José Antonio Kast como su carta presidencial, mientras que el consolidado Partido Comunista de Chile (PCCh) abanderó a Jeannette Jara como su candidata al Palacio de La Moneda.

La insoslayable segunda vuelta hizo su aparición programada y en la misma versión que en el proceso electoral anterior: en la primera vuelta, el péndulo se detuvo, por momentos, en la candidata de izquierda, dando indicios —como se vería en la segunda vuelta, fugaces— de una transición presidencial que asegurara la continuidad de los partidos de izquierda en la presidencia.

La segunda vuelta, replicando el caso de las elecciones de 2021, terminó por desbaratar tales pretensiones. La aguja inició su vaivén con la misma vertiginosidad que en el proceso anterior. Si bien Jeannette Jara se aprontó a la segunda vuelta con una leve ventaja (26%) por sobre José Antonio Kast (23%), y pese a que pudo asegurar un alza de casi un 50% a su favor para obtener 41% de los votos en la segunda vuelta, José Antonio Kast logró una remontada en el balotaje del 134%, obteniendo la presidencia con el 58% de las urnas. Desde el retorno del voto obligatorio en 2022, José Antonio Kast no solo sucede a Gabriel Boric en el Palacio de La Moneda, sino que también lo antecede como el presidente electo con más votos en la historia del país (García Marco, 2025).

A dos meses de la elección: tomando el pulso al Gobierno de José Antonio Kast

A solo dos meses de haber jurado como presidente de la República de Chile el 11 de marzo de 2026, el mandato de José Antonio Kast se ha visto entrecruzado por escenarios, tanto autogenerados como externos, que han mellado su popularidad: desde el alza del petróleo hasta los oficios de la Contraloría que desembocaron en la utilización del concepto “país en quiebra” en la comunicación oficialista, las críticas al respecto por parte de la oposición, el ingreso al Parlamento de la “Ley de Reconstrucción Nacional” y el llamado de la Cámara de Diputados y del Senado a entrampar su tramitación, así como el retiro del respaldo oficial a la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de las Naciones Unidas (Mahave, 2026), la lista suma y sigue.

Estos meses han cobrado su tributo en la figura presidencial: la encuesta Criteria de mayo de 2026 marcó una aprobación del 36% frente a un 51% de desaprobación a su gestión (Salgado, 2026).

Esta tendencia parece ser transversal a los mandatarios, independientemente del eje en el que se encuentren sus respectivos partidos políticos. Según los datos facilitados por la encuesta Cadem de 2022, Gabriel Boric, también a solo dos meses de llegar al Palacio de La Moneda, enfrentó un rechazo del 53% a su Gobierno, contando con un 36% de aprobación (Montes, 2022).

A raíz del declive en la aprobación experimentado recién en las primeras semanas del mandato de Gabriel Boric, ya se hablaba en los medios de comunicación chilenos de un fin anticipado de la ‘luna de miel’ que solían gozar los presidentes frente a la opinión popular (Montes, 2022). José Antonio Kast tampoco parece haberse librado al inicio de su Gobierno de esta nueva tendencia, replicando con su baja en popularidad una imagen similar a la proyectada por Gabriel Boric al inicio de su propio mandato en 2022.

Esta caída en picada en la aprobación a la gestión presidencial abre la puerta a interrogantes centrales en cuanto a las expectativas del electorado frente a la recién instalada administración. Más allá de análisis políticos e históricos, resulta imperativo complementar estas apreciaciones con la dimensión social y personal que ha motivado al electorado a emitir un rechazo tan implacable y, a la vez, en tan poco tiempo, frente al Gobierno entrante.

En cuanto a la relación del país con sus mandatarios, las siguientes preguntas se hacen latentes: ¿Cuál es el pulso —o bien, cuáles son los impulsos— que espera el país de sus Gobiernos entrantes? ¿En qué línea de tiempo y con qué resultados? ¿Son compatibles las expectativas de celeridad de los votantes respecto de las reformas que anhelan con el curso y la urgencia con los que el gobierno de turno puede ponerlas en marcha?

Recién habiendo comenzado el mandato de José Antonio Kast, solo el tiempo, las encuestas e inevitablemente las urnas lo dirán.

Bibliografía

Sobre la autora

Melanie Arriagada es doctoranda en la Bergische Universität Wuppertal, autora de manuales de español para Sek. I y Sek. II, y miembro de la sección Español de la Klett Akademie für Fremdsprachendidaktik.

Materialien: