„Marineda, La Coruña de Emilia Pardo Bazán (Una ciudad que no se encuentra en los mapas)“ de Ana Mª Freire López

El acierto y la oportunidad que tuvo Emilia Pardo Bazán (1851–1921) para titular sus novelas, cuentos, artículos, crónicas o libros de viajes, lo encontramos también en el nombre de Marineda, con que bautizó a la recreación literaria de su ciudad natal, hasta traspasar las fronteras de la literatura y convertirse, de algún modo, en sinónimo de La Coruña.

Galicia

Enamorada de su tierra, doña Emilia pintó la Galicia universitaria santiaguesa en su primera novela, “Pascual López. Autobiografía de un estudiante de Medicina” (1879); la vida provinciana de Carballiño en “El cisne de Vilamorta” (1885); la decadencia de la nobleza rural gallega en “Los Pazos de Ulloa” (1886) y en “La Madre Naturaleza” (1887). Y en numerosos cuentos que se desarrollan en ciudades y aldeas de Galicia, cuarenta y cinco de ellos recopilados en el tomo póstumo de sus Obras Completas, titulado “Cuentos de la tierra” (1922).

Las Torres de Meirás

El amor a su patria chica late en su proyecto de erigir las Torres de Meirás en el vasto terreno que ocupaba la granja familiar en la que disfrutó desde la infancia, y en cuya capilla contrajo matrimonio en 1868. Después de su traslado a Madrid en 1890, con el resto de la familia, la escritora pasó en las Torres de Meirás largos veranos, durante las obras de construcción del edificio y hasta el final de su vida, cuando el que, entre bromas y veras, llamó en una carta ‘monumento nacional’ (Freire-Thion, 2016, p. 97) estuvo terminado.[1] En las Torres de Meirás, bajo el nombre de ‘Alborada’, ambientó una de sus últimas novelas, “La Quimera” (1905), en la que quiso rendir homenaje a Joaquín Vaamonde —Silvio Lago en el relato—, el joven pintor al que doña Emilia acogió y ayudó en su carrera artística mientras él, por su parte, inmortalizó con sus pinceles a la escritora y a los demás miembros de la familia.

La ciudad de Marineda

Pero fue en su ciudad natal, con el nombre literario de Marineda, en donde tienen lugar los acontecimientos de “La Tribuna” (1883) y donde queda establecida la geografía urbana de la ciudad literaria, en la que también se desarrollan las novelas “La piedra angular” (1891), “Doña Milagros” (1894), “Memorias de un solterón” (1896), así como muchos de los cuentos que vieron la luz en la prensa periódica y posteriormente fueron reunidos en varios tomos de sus Obras Completas, uno de ellos titulado precisamente “Cuentos de Marineda” (1892).

Marineda es una verdadera creación literaria de Emilia Pardo Bazán, que, como ella misma escribió en el prólogo de “La Tribuna”, ha de buscarse en los mismos mapas que la Orbajosa[2] galdosiana, la Villabermeja[3] creada por Valera, o el Coteruco donde se desarrolla “Don Gonzalo González de la Gonzalera” (1879) de José María Pereda, así como aquellas ciudades, sin más nombre que una inicial seguida de tres asteriscos, que abundaban en las novelas románticas (Pardo Bazán, 1883, pp. 1–2). Los mismos mapas a los que, poco tiempo después, habría que añadir la inolvidable Vetusta[4] clariniana.

Marineda es una ciudad con su Barrio Alto o de Arriba, “la parte antigua y aristocrática de Marineda” (“Doña Milagros”); su Barrio Bajo o de Abajo, “centro del comercio, de las distracciones y de la vida marinedina” (“Doña Milagros”); separados ambos por el Páramo de Solares: zonas equivalentes a la Ciudad Vieja, la Pescadería y la actual Plaza de María Pita coruñesas, esta última todavía inexistente en las fechas en que se desarrolla “La Tribuna”, y que en “La piedra angular” todavía luchaba, desde hacía bastantes años, “por ser plaza de Maripérez, nombre de la heroína popular de la linda capital marinedina”.

En cada zona o barrio de esta ciudad, que Benicio Neiras (“Doña Milagros”) contaría entre “las más lindas capitales de provincia de España”, “una ciudad comercial bastante culta” para Estévez (“Por el arte”), sitúa doña Emilia calles, plazas e iglesias que todavía hoy pueden identificarse, sin gran dificultad, en el plano coruñés: la calle del Arroyal (Riego de Agua), donde vive el doctor Moragas en “La piedra angular”; la calle Mayor (calle Real), en la que se establece el protagonista de “Por el arte”, recién llegado de Madrid; el paseo de Filas (los Cantones); la calle del Faro (la de la Torre); la de San Efrén (San Andrés); la “calle del Varadero (la más sospechosita de Marineda)” en “Doña Milagros”; “la calle de la Angustia [de la Amargura], la más costanera, pedregosa, húmeda y antigua de Marineda, si se exceptúa la de la Sinagoga, más fea todavía”, donde vive don Juan Boina (“Morrión y Boina”) y tantas otras.

Pero Marineda no es un mero escenario novelesco. Es una ciudad con historia, donde “había atracado la lancha o bote que conducía al César Carlos V cuando vino a celebrar Cortes y pedir subsidios en la ciudad de Marineda” (“La piedra angular”), y cuyo Castillo de San Wintila (el de San Antón) recordaba a los marinedinos su pasada defensa de los ingleses (“La piedra angular”); una ciudad en evolución y progreso, desde la época federal de “La Tribuna”, cuando todavía no existía “el parque inglés que, andando el tiempo, hermoseó su recinto”, hasta la moderna ciudad de “La piedra angular” o de “Doña Milagros”, en que “Marineda se reconstruye toda de unos treinta años a esta parte”.

Marineda es una ciudad con Audiencia Provincial, Capitanía General, Fábrica de Tabacos, Instituto Provincial; con Gobierno Civil situado en el mismo edificio que el Teatro principal, “llamado Coliseo por la prensa marinedina”; una ciudad que tiene temporada teatral, y es visitada por compañías de zarzuela, y hasta de ópera; que tiene “dos sociedades directivas —cada cual por su estilo y en su terreno—, que se llamaban la Pecera y el Casino de la Amistad”; dos cementerios “el católico y el protestante o disidente”, y que en tiempos de la Gloriosa tuvo tres periódicos llamados “El Adalid”, “El Nautiliano”, “El Grito Marinedino”.

El ‘nacimiento’ de “La Tribuna”

Como es habitual, son los habitantes quienes dan vida a la ciudad y aportan a los escritores personajes y argumentos para sus relatos. Así surgió “La Tribuna”, a partir de la realidad coruñesa, y así lo cuenta Emilia Pardo Bazán en sus “Apuntes autobiográficos”:

Quien pasee la carretera de mi pueblo natal al caer la tarde, encontrará a docenas grupos de operarias de la Fábrica de cigarros, que salen del trabajo. Discurría yo al verlas: — ¿Habrá alguna novela bajo esos trajes de percal y esos raídos mantones? —Sí, me respondía el instinto: donde hay cuatro mil mujeres, hay cuatro mil novelas de seguro: el caso es buscarlas. (Pardo Bazán, 1886, p. 74)

Una vez tomada la decisión, y fiel al realismo que caracteriza sus novelas, pasó a la acción:

Dos meses concurrí a la Fábrica mañana y tarde, oyendo conversaciones, delineando tipos, cazando al vuelo frases y modos de sentir. Me procuré periódicos locales de la época federal (que ya escaseaban); evoqué recuerdos, describí la Coruña según era en mi niñez, desde la cual ha mejorado en tercio y quinto, y reconstruí los días del famoso Pacto, episodio importante de la historia política de esta región. (Pardo Bazán, 1886, p. 74)

Su interés, su talento y su trabajo hicieron lo demás, en una etapa particularmente difícil en la vida de Emilia Pardo Bazán, que, cuando en octubre de 1882 fechaba el prólogo de “La Tribuna” en la Granja de Meirás, apenas hacía un mes que había cumplido treinta y un años. Habían transcurrido catorce desde su matrimonio con don José Quiroga Pérez de Deza, con el que había tenido tres hijos y con quien, después de años poco felices, llegó a una separación amistosa, pero definitiva, que tuvo lugar el mismo año de la publicación de “La Tribuna”.

Poco tiempo antes del ‘nacimiento’ de Marineda, la joven Emilia había iniciado una colaboración sobre “Galicia y sus capitales (Fisonomías cívicas)” en el semanario “El Heraldo Gallego” (González Herrán, 2000). La escritora dedicó a La Coruña cinco entregas, entre noviembre de 1878 y enero de 1879, que fueron las primeras y las últimas de la serie anunciada, pues no hubo continuación sobre otras “fisonomías cívicas” de capitales gallegas. No es difícil entrever que la preparación de aquellos artículos de Emilia Pardo Bazán sobre La Coruña jugó un importante papel en la gestación de Marineda.

Un relato titulado “Marineda”, que varios años después fue incluido en “De mi tierra” (1888), trae a la memoria el contenido de aquellos artículos en “El Heraldo Gallego”, ahora transformados en un relato más personal, de más grata lectura, escrito con una espontaneidad y desenvoltura —vocabulario, recuerdos, anécdotas, conversaciones recreadas al azar— que se echa de menos en el texto periodístico. En “Marineda” Emilia revive la ciudad de su niñez, ya muy mejorada, de la que confiesa desconocer su número de habitantes, aunque, “calculando a ojo de buen cubero, se me figura que tendrá de treinta y seis a treinta y ocho mil” (Pardo Bazán, 1888, p. 324).

El hecho es que, en el período transcurrido entre los artículos de prensa y la publicación de “La Tribuna”, había nacido Marineda, una ciudad viva, cuyos habitantes pueblan novelas y cuentos de Emilia Pardo Bazán.

Modelos reales y literatura

La facilidad para establecer correspondencias entre la ciudad literaria y su modelo real, unida al tentador parecido de ciertos personajes novelescos con algunos habitantes de La Coruña, suscitó posibles identificaciones de varios de ellos, algo que, por otra parte, no era extraño en la narrativa de la época. En las novelas y cuentos de Emilia Pardo Bazán ubicadas en Marineda, los lectores coruñeses pronto identificaron tras el personaje del doctor Moragas, con el que se abre “La piedra angular”, a Ramón Pérez Costales, médico y buen amigo de la escritora y de su familia, muy conocido en La Coruña. Al doctor Pelayo Moragas lo encontrarían de nuevo los lectores de entonces en “Doña Milagros”, “Memorias de un solterón”, en varios cuentos y en “La Quimera”. La semejanza de Ramón Pérez Costales con el doctor Moragas resultaba evidente, pero, por el tratamiento que dio a su personaje doña Emilia no tuvo las consecuencias negativas que ocasionó la identificación de los personajes de la Vetusta de Clarín en “La Regenta” con los habitantes de Oviedo en los que se inspiró.[5]

No obstante, Emilia Pardo Bazán, en los “Apuntes autobiográficos” que redactó como introducción a la primera edición de “Los pazos de Ulloa”, quiso explicar su propia técnica novelesca, que no consistía en copiar del natural, aunque le sirviera de inspiración, sino en crear un verdadero mundo de ficción para, entre otros motivos, “precaver objeciones fundadas en cualquier inexactitud material que yo cometa” (Pardo Bazán, 1886, p. 78). Dicho de otro modo, para no tener que responder a objeciones sobre la fidelidad al modelo. A esa razón añadía una segunda: “Eximirme del realismo servil que detesto tanto cuanto amo la verdad sentida que deducimos de la impresión del conjunto y no de particularidades triviales” (Pardo Bazán, 1886, p. 78). Para terminar argumentando que de ese modo conseguía “más libertad para crear el personaje, pues, aunque la afirmación sorprenda, yo no he copiado jamás ninguno de los que en mis novelas figuran. Sobre que en ocasiones no es lícito ni delicado copiar, no es artístico nunca.” (Pardo Bazán, 1886, p. 79).

Tampoco lo hizo en sus libros de viajes, una modalidad literaria que, al no ser de ficción, permite al autor describir con objetividad ciudades y paisajes. Doña Emilia no lo hace así. El mundo real en sus relatos está filtrado por la subjetividad de la escritora, que se confiesa incapaz de describir, por ejemplo, las maravillas artísticas de Toledo y prefiere “traducir fielmente una impresión personal, lírica, sentida y gozada con sibaritismo; y en vez de hablar del Toledo monumental y artístico, hablar de nuestro Toledo, del que nos ha tocado en suerte” (Pardo Bazán, 1895, p. 134). Con el mismo criterio, cuando viaja a Francia para visitar la Exposición Universal de 1889, prefiere pintar el “París moral e intelectual (el que no se ve con guías ni en un mes)”, en lugar de describirlo (Pardo Bazán, 1889, p. 25).

Conclusión

Marineda es la ciudad que Emilia Pardo Bazán quiso crear, la ciudad universal a través de la que muchos lectores conocieron La Coruña de su tiempo. No aparece en los mapas, como tampoco los habitantes de Marineda figuran en los censos que se conservan en el Archivo Municipal coruñés. Y, a pesar de ello, quien desee conocer La Coruña de la segunda mitad del siglo XIX no encontrará pintura más viva que la de la Marineda de Emilia Pardo Bazán en su creación literaria.

Notas

[1] Carta a Blanca de los Ríos, fechada en las Torres de Meirás el 31 de julio de 1902 (Freire & Thion, 2016, p. 97).

[2] Orbajosa es la ciudad creada por Benito Pérez Galdós en la que transcurre su novela “Doña Perfecta” (1876).

[3] Juan Valera dio el nombre de Villabermeja al pueblo andaluz en que situó su novela “Las ilusiones del doctor Faustino” (1875).

[4] Vetusta es el nombre ficticio que Leopoldo Alas (Clarín) dio a Oviedo, en donde se desarrolla su novela “La Regenta” (1885–1886).

[5] El caso más conocido en la historia de la novela española del siglo XIX, por el gran revuelo que levantó en Oviedo, fue el de “La Regenta” de Clarín (1885–1886), tema de la conferencia que José María Martínez Cachero pronunció con motivo del centenario de la novela, hoy accesible en la web de la Fundación Juan March.

Bibliografía

  • Freire López, A. M. (2021). El Meirás de Emilia Pardo Bazán. En: Emilia Pardo Bazán o La pasión por escribir. Número monográfico de Ínsula, 893, pp. 40–44.
  • Freire López, A. M. & Thion Soriano-Mollá, D. (2016). Cartas de buena amistad. Epistolario de Emilia Pardo Bazán a Blanca de los Ríos (1893–1919). Iberoamericana-Vervuert.
  • González Herrán, J. M. (2009). Fisonomía de Marineda en un olvidado artículo de Emilia Pardo Bazán (1878). La Tribuna, Cadernos de Estudos da Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, 7, pp. 139–168.
  • González Herrán, J. M. (2018). Ramón Pérez Costales, en las dos versiones de un cuento de Emilia Pardo Bazán. La Tribuna, Cadernos de Estudos da Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, 13, pp. 98–110.
  • Martínez Cachero, J. M. (1984). La Regenta, ¿una novela de clave? Conferencia pronunciada en la Fundación Juan March (Madrid), el 18/10/1984, dentro del ciclo “Cien años de La Regenta”. (Accesible en audio en el portal de la Fundación: https://canal.march.es/es/coleccion/cien-anos-regenta-ii-regenta-novela-clave-19576).
  • Pardo Bazán, E. (1883). La Tribuna. Alfredo de Carlos Editor.
  • Pardo Bazán, E. (1886). Apuntes autobiográficos. En: Los Pazos de Ulloa. Daniel Cortezo y Cía, pp. 5–92.
  • Pardo Bazán, E. (1888). Marineda. En: De mi tierra. Tipografía de la Casa de Misericordia, pp. 323–352.
  • Pardo Bazán, E. (1889). Al pie de la Torre Eiffel (Crónicas de la Exposición). La España Editorial.
  • Pardo Bazán, E. (s. a. [¿1894?]). Doña Milagros. En: Tomo XI de las Obras completas, 3a edición. Librería de Pueyo (Imp. Gráfica Universal).
  • Pardo Bazán, E. (1895). Por la España pintoresca. Viajes. López Editor.
  • Pardo Bazán, E. (5.11.1878, 25.12.1878, 31.12.1878, 5.1.1879, 25.1.1879). Galicia y sus capitales. (Fisonomías cívicas) I. Artículo seriado en El Heraldo Gallego, 292, 296, 297, 298, 300.
  • Pardo Bazán, E. (s. a.). Morrión y boina. En: Cuentos de Marineda, tomo V de las Obras Completas, 4ª edición, pp. 129–170.
  • Pardo Bazán, E. (s. a.). Por el arte. En: Cuentos de Marineda. Tomo V de las Obras Completas, 4ª edición, pp. 85–127.
  • Sotelo Vázquez, M. (2007). Las publicaciones de Emilia Pardo Bazán en El Heraldo Gallego: la forja de su personalidad literaria. En: Emilia Pardo Bazán: El periodismo. Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, pp. 203–231.

Sobre la autora

Ana María Freire López es Catedrática de Literatura Española y actualmente Profesora Emérita en la UNED. Su investigación, desarrollada en España y en Estados Unidos, se ha centrado en la literatura española de los siglos XVIII al XXI, y en especial en Pardo Bazán, cuyo portal dirige en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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