„Demonización del kalku y el wekufe“ de Javier A. Soto Cárdenas & Catalina I. Vergara Araya
El kalku y el wekufe son dos agentes espirituales mapuche altamente mencionados en las escrituras de los cronistas españoles. Sin embargo, según se analizará, sus figuras son blanco de asociaciones demoníacas desde un marco estructural judeocristiano.
Origen bíblico de la mentalidad de los cronistas
Desde los inicios de la colonización, la espiritualidad de los pueblos originarios fue evaluada con un claro sesgo judeocristiano por parte de los españoles. Ello provocó que consideraran, por su formación católica, que los seres espirituales de las religiones animistas que poseían las culturas originarias se encontraban influenciados por el demonio. Si rastreamos las causas, podemos encontrar que el sesgo es alimentado por las sagradas escrituras bíblicas que en varios de sus libros aborda esta temática, como, por ejemplo, “a la hechicera no dejarás que viva” en el Éxodo 22:18; “y la persona que atendiere a encantado- res o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo”, en Levítico 20:6; y el Deuteronomio. En cuanto a este último, indica lo siguiente:
Amonestación contra costumbres paganas
Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muer- tos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. (Deu- teronomio 18:9 − 14)
El Deuteronomio, del cual se estima —sin la totalidad de las certezas— que Moisés fue su autor alrededor de 1406 a. C., rechaza y prohíbe explícitamente cualquier práctica espiritual que no se alinee con los preceptos del cristianismo y, de manera específica, la hechicería; pese a que en el Evangelio de Mateo ‘los magos’ que van a adorar a Jesús son descritos con una característica particular:
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. (Evangelio de Mateo 2:1 − 2)
Los magos[1] son guiados por una estrella, la estrella de Belén que ha aparecido en el cielo del oriente, lo cual nos insinúa prácticas espirituales relacionadas con un poder sensitivo que claramente el común de las personas no posee. Pero lo central es que, según el Deuteronomio, los dioses o se- res espirituales de otros pueblos son expresiones paganas. En este contexto, los seres espirituales de los pueblos amerindios fueron generalizados, bajo la mirada cristiana de los cronistas, como manifestaciones del demonio o del diablo. Por defecto, aquellos sujetos que resguardan la vida espiritual de estos pueblos originarios latinoamericanos —chamanes, machis, kalku, etcétera— serían invocadores o adoradores del demonio cristiano, percepción que justifica su persecución durante los procesos inquisitoria- les originados en Europa y trasladados posteriormente a América. Paralela- mente en lo que en Perú se ha llamado “extirpación de idolatría”, este no es exactamente un proceso inquisitorial, pero sí de transculturación. En relación con esto último, en el documento “Extirpación de la idolatría del Perú” el jesuita Pablo José de Arriaga (1621, p. 12) relata:
Hallole que en todas partes tenían sus Huacas comunes de todos los Pueblos y Ayllus, y particulares de cada uno, que les hazian sus fiestas, y ofrecían sacrificios, y tenían todos guardados ofrendas para ellos, Sacerdotes mayores, y menores para los sacrificios, y diversos oficiales para tradiciones de sus antepasados, y lo que causaba mas lastima summa ignorancia de los misterios, y co- sas de nuestra fe, que es una de las causas principales de todo este daño (…). Todas las cosas sobredichas son Huacas que adoran como a Dios, y ya que no se les pueden quitar delante de los ojos, porque son fijas, y inmóviles, se les procura quitarlas del corazón enseñándoles la verdad, y desengañandoles de la mentira, y así es necesario enseñarles muy de propósito las causas de las fuentes, y de los ríos, y como se fraguan los Rayos en las nubes, y se congelan las aguas, y otras cosas naturales (…). Otras Huacas hay móviles, que son las ordinarias, y las que van nombrados en cada pueblo, que se les an quitado, y quemado. De ordina- rio son de piedra, y las mas veces sin figura ninguna, otras tienen diversas figuras de hombres o mujeres, y a algunas de estas Huacas dice, que son hijos o mujeres de otras Huacas, otras tienen figura de animales.
Las palabras de Arriaga representan una fuente clave para comprender las estrategias implementadas durante la colonización del continente americano con el fin de erradicar las formas religiosas de los indígenas. El jesuita describe la existencia de las huacas, los espacios sagrados y objetos de culto de los pueblos originarios; sin embargo, desde su perspectiva cristiana, estas huacas para el caso de Perú debían ser eliminadas física y simbólica- mente al ser simples supersticiones o adoraciones erróneas. Asimismo, las manifestaciones espirituales de las diferentes etnias —independiente que sean muy distintas unas de otras— debían ser reemplazadas mediante la enseñanza de los principios de la fe cristiana, pero también por la introducción de explicaciones lógicas que desacreditaran las interpretaciones indígenas de los fenómenos naturales.
| El nombre Machi es usado para designar a la persona que tiene la función de autoridad religiosa, consejera y protectora del pueblo Mapuche.
Debido a que actualmente es mucho menor la proporción de hombres que cumplen la fun- ción de Machi, normalmente se describe al Machi como una mujer mapuche. |
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La figura del kalku
Para comenzar, podemos decir que según las fuentes en el mundo mapuche el kalku es una forma de machi[2], pero que cumple el rol ingrato de gestionar las fuerzas bajas de la complejidad humana, lo que podemos llamar las bajas pasiones. En ese sentido, el kalku, al poseer las cualidades de el o la machi de conocer las hierbas y tener el poder de invocar a los espíritus, se ha demonizado considerándolo bruja o brujo al mediar como puente con entidades sobrenaturales como wekufe.[3]
El académico y antropólogo Rolf Foerster (1995), citando al “Confesionario” del padre Luis de Valdivia (1606), sostiene que las actividades religiosas del mundo mapuche en los actuales Chile y Argentina están relacionadas al culto de elementos de la naturaleza, los que han sido considerados ‘seres espirituales’, seres que intervienen dependiendo de la rogativa que los mapuche realizan. Estas actividades eran de carácter demoníacas, puesto que todo ser o entidad espiritual mapuche es considerado una manifestación del demonio a los ojos de los cronistas cristianos:
Después de estas inquisiciones, se pasa a un pecado que está muy pre- sente en el Confesionario, la hechicería:
“¿Cuando no llueve has creido que ay Indios hechizero que es el Señor de las aguas que haze llover? ¿Embiaste a buscar y ofrecerle paga para que te hiziese llover para coger tu comida?”.
“¿Haste curado con algun hechizero? iHas lo llamado, o hecho llamar para tus necesidades?”. (Foerster, 1995, p. 23)
En la obra de otro jesuita, el padre Diego de Rosales, encontramos referencias al señor de las aguas; al parecer, su importancia era grande. Pero, indudablemente, la pregunta apunta a develar esa categoría de personajes que el “Confesionario” traduce como Calcu che, o ‘gente hechicera’. Calcu che se compone de Calcu, el mal; y che, gente, dando como significado ‘gente del mal’ o ‘del demonio’. Así, de nuevo, encontramos al demonio que actúa, en la cultura mapuche, a través de sus agentes —los hechice- ros— para intervenir en los ciclos de la naturaleza (lluvia), en la salud de las personas o en otras necesidades.
Si bien los misioneros lo conceptualizaban como un agente del mal, las preguntas del “Confesionario” revelan que, de manera implícita, reconocían la capacidad del ‘demonio’ que el kalku invoca y contacta para intervenir en aspectos fundamenta- les de la vida comunitaria, como la producción de alimentos y el equilibrio de los elementos naturales. Esto evidencia una dicotomía no declara- da por los cristianos, donde el kalku demoníaco, pero también un intermediario eficaz en la resolución de problemas concretos dentro de la comunidad indígena.
Asimismo, dos misioneros jesuitas contribuyeron a esta asociación de el o la machi y el kalku con lo demoníaco. Foerster expone el relato de Alonso de Ovalle en su crónica, citando al cautivo español Francisco Almendras:
El demonismo para Ovalle está aso- ciado al uso de arte mágica y hechicería, lo que se daría sobre todo en algunos viejos y viejas. El respeto que gozarian sería propio del temor: Por el mal que les pueden hacer con sus encantos y usos del veneno, de que viven con gran recelo; y así, en cayendo un indio enfermo, luego piensan que le han hecho mal y entra en sospecha de que en tal bebida o comida le dieron las yerbas ponzoñosas para matarle; y los machis, que son los curanderos o médicos, es muy ordinario atribuir a esto el achaque y enfermedad del doliente, haciendo notables demostraciones de esto en las curas que hacen con sus yerbas, que son muy eficaces contra venenos. (Foerster, 1995, p. 25)
Además de acusar que el respeto de la comunidad mapuche hacia estos mediadores espirituales es puramente por miedo, Ovalle reconoce que el proceso de curación que realiza el o la machi mediante yerbas resulta ser “muy eficaz” (Foester, 1995, p. 25). Pero dicha eficacia no impide que Ovalle y sus pares continúen considerándola un agente oscuro debido a su conexión con la naturaleza y sus rituales:
Para el padre Ovalle los machis no son una clase que se deba identificar con los hechiceros (los calcu che de Luis de Valdivia), no obstante, “que algunos de estos machis tienen fama y opinión de hechiceros”. El poder de los hechiceros, no se reduce a provocar la enfermedad y a la muerte. También consultan al demonio: Reciben de él sus oráculos y res- puestas; y así suelen amenazar con tempestades, truenos, lluvias o secas, y de hecho se suelen ver algunos efectos de estas amenazas, y por esta causa vienen a dar los in- dios al demonio este modo de culto, más de temor que le tienen que de amor o reconocimiento de alguna deidad que en él reconocen. (Foester, 1995, p. 25)
El padre Ovalle muestra una connotación negativa a los kalku y algunos machis, asociándolos con la capacidad de producir enfermedades e incluso la muerte, lo que nuevamente dentro del imaginario judeocristiano se encuentra ligado a lo demoníaco. Por otro lado, Foerster señala respecto de las investigaciones de Diego de Rosales que:
Si en Ovalle la hechicería es propia de algunos ancianos, en Rosales esta categoría debe ser generalizada a toda la sociedad ya que lo que más enseñan a sus hijos y a sus hijas es a ser hechiceros y médicos, que curan por arte del diablo. (Foerster, 1995, p. 26)
Como podemos evidenciar, ambos cronistas coinciden en que los seres espirituales mapuche y sus agentes —como machi o kalku— son intermediarios del demonio en mayor o menor medida dentro de la sociedad, dependiendo de la visión de cada cronista. Si para Ovalle la hechicería es una práctica específica de algunas personas, para Rosales toda la comunidad mapuche puede verse influenciada por el demonio sin saberlo o sin darse cuenta.
Otro cronista clave para los efectos de esta evidencia fue el gobernador Pedro de Valdivia, quien afirmaba, citando a Foerster (1995, p. 18), que el dios de los mapuche era el demonio: “parece nuestro Dios quererse servir de su perpetuación para que sea su culto divino en ella honrado y salga el diablo de donde ha sido venerado tanto tiempo”. Pero Foerster (1995, p. 18) explica que:
Esta concepción demoníaca con que los españoles interpretaron la cultura mapuche no era más que la proyección y confirmación de la ideología medieval europea sobre la hechicería, donde el lazo con el demonio era la nota dominante. Según Silverblatt “se pensaba que era precisamente por intermedio de esta alianza que los brujos adquirían sus poderes. (…) En los siglos XVI a XVII, lo que estos [los teólogos] condenaban en los hechiceros europeos era la base herética de sus supuestos poderes. La brujería implicaba la adoración del diablo. Significaba el pecado más grave: la negación de Dios y la adhesión a su rival supremo, Satanás, el príncipe de las tinieblas”.
La visión de los españoles de que las prácticas religiosas de los mapuche estaban vinculadas al demonio no era un juicio aislado, sino una extensión de una ideología arraigada en el pensamiento medieval europeo en el contexto de apogeo de la Inquisición española. Y España fue el último país en abolir su institución. Por ello, se puede obviar que cuando los colonizadores españoles llegaron a América, trasladaron consigo su lógica: cualquier sistema de creencias que no se ajustara al catolicismo era automáticamente una herejía
En general desde la conquista y colonia las figuras de el o la machi y el kalku fueron asociados a la idolatría y a lo demoníaco, por lo que no tardaría la iglesia católica en prohibir en sus misiones estas prácticas de la religiosidad mapuche. “El Texto del Sínodo. El Primer Sínodo chileno de la Época Republicana” (Retamal, 1983, p. 171) expone:
Encargamos y mandamos a los párrocos, hagan diligente averiguación de los que existiere en sus curatos, y previa la necesaria comprobación judicial de los hechos, impongan a los que hubieren ejercido tales curaciones con las circunstancias ex- presadas la pena de vergüenza pública compeliéndolos a presentarse, por cuatro días festivos, en la iglesia parroquial en la que permanecerán, durante el concurso de los fieles, parados con una soga al cuello y vela en la mano, y la frente ceñida con una faja de cuero con esta inscripción: pena de los Machis supersticiosos.
El Sínodo era un documento emanado por la Iglesia Católica para ser utiliza- do como un reglamento o una especie de constitución política dentro del contexto misional, pues normaba la vida y las relaciones entre los misioneros y la comunidad indígena a evangelizar. En el mandato de este Sínodo se puede evidenciar las penas públicas que se impusieron contra los y las machi, las cuales enviaban un mensaje claro a toda la comunidad mapuche: las prácticas espirituales tradicionales eran vistas como un pecado y un delito, que se castigaba con la humillación pública como símbolo de su desacreditación. La persecución de la Iglesia Católica continuó así hasta el siglo XIX.
La figura del wekufe
Al igual que el kalku, a la figura o ente del wekufe también se le ha otorgado una connotación demoníaca. Se considera un ser espiritual de la cultura mapuche relacionado con el kalku en el sentido que las fuentes indican que es el kalku quien invoca al wekufe de diferentes formas. Veamos lo que dicen los cronistas:
Diego de Rosales, misionero por largo tiempo en la frontera y en el interior de la tierra, plantea que el demonio tiene un lugar central en la vida de los mapuches, ‘él les habla y les da entender’, sin que lo conozcan o le den adoración. El pueblo mapuche vive, entonces, engañado por el demonio sin saberlo. Por ejemplo, ‘tienen algunos barruntos de el Diluvio, por haberles dejado el Señor algunas señales para conocerle’ (se refiere al mito del TREN-TREN y KAI-KAI) pero ‘el demonio se la mezcla con tantos errores y mentiras, que no saben que haya habido Diluvio en castigos de pecados, ni se persuaden a eso, sino a un diluvio de mentiras, que el demonio les ha enseñado y persuadido, cuya tradición ha pasado de padres a hijo’. (Foerster, 1995, p. 26)
Los mapuche son, a los ojos de Diego de Rosales, ignorantes respecto de la historia judeocristiana; y por ello pretende asimilar el diluvio universal —evento bíblico— con el mito mapuche de las serpientes tren-tren y kaikai, las cuales serían las creadoras del mundo, pero para Rosales serían una consecuencia de las mentiras e invenciones del demonio transmitidas generacionalmente.
Alonso de Ovalle (1646) en su “Histórica relación del Reino de Chile” nos explica que el dios-demonio mapuche tiene muchos servidores “todos están en estos errores, creen en su guenupillan, que es su Dios, y que este tiene muchos guecubus (wekufe, J. A. S. C. y C. I. V. A.)” (Ovalle, 1646, p.
327). Cabe destacar que la espiritualidad mapuche no es deísta, sino animista, por lo que los españoles se esforzaban en buscar entre los seres mapuche definiciones que se homo- logaran al dios hebreo. Así, el padre Ovalle plantea que el dios mapuche es guenupillan, aunque otras fuentes dicen que es ngenechen, lo que puede provocar confusión. Pero es esencial considerar que son asociaciones forzosas y no necesariamente reales, pues estamos ante dos sistemas de creencias y representación de lo divino y lo sacro que intentan homologar, pero no siempre lo logran.
En el texto “Sermón en lengua de Chi- le: de los mysterios de nuestra santa fe catholica, para predicarla a los in- dios infieles del reyno de Chile, dividido en nueve partes pequeñas, acomodadas a su capacidad”, el padre Luis de Valdivia (1621, p. 7 − 11) expresa:
Todo vuestro mal es pecado. Si queréis saber qué cosa es pecado: oid, y lo sabréis. No obedecer lo que Dios manda, y seguir solo nuestro gusto, esto es pecado. Hacer vuestra voluntad, y no la de Dios, ni cumplir lo que manda, esto es pecado. Hurtar, adulterar, jurar falso, adorar al Pillán, y al Huecuvoe, hacer daño a otro, esto es pecado. Todo lo que es contra Dios y contra lo que Dios quiere, y manda, es pecado. (…) ¿Cuánto os pare- ce que enojará a Dios, el Indio que honra al Pillán, y que le duele reverenciar, y llamar, y deja de adorar a Dios, y el que suele nombrar por honrarle al Huecuvoe, y le respeta. Y también el Indio que no quiere seguir lo que Dios manda, ni obedecer lo que los padres mandan, y en su enfermedad, y en lo que tiene necesidad, va a tomar consejo con los Machis (que son hechiceros) y con los viejos?
El jesuita introduce el concepto de pecado y lo vincula con las idolatrías y creencias religiosas que se enmarcan dentro de la cosmovisión del pueblo mapuche, mencionando no solo al wekufe sino que también al pillán. Desde la biblia, se nos ha revelado que “todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley” (1 Juan 3:4), entendiendo ‘la ley’ como la ley de dios, el dios hebreo. Entonces, hallamos un esfuerzo por encasillar nuevamente las prácticas espirituales mapuche dentro de los esquemas del cristianismo, donde quien sea o haga cosas que no se alineen con Dios es automática- mente desobediencia divina, obra del demonio, y como castigo:
Son desventurados, y serán condena- dos al infierno a ser quemados para siempre. Y mucho más serán atormentados los otros que después de haber recibido esta Fe, y hechose Cristianos, se tornaron a las mentiras que les decían sus antepasados, y estos son viejos, y hechiceros que sigue al diablo, y le ayuda. Estos os quieren apartar de la palabra de Dios, y de su Fe, y os dicen que con reverencia nombréis al Pillán y Huecuvoe: y que no adoréis a Dios. (Luis de Valdivia, 1621, p. 26)
El castigo de ir al infierno aplica para quienes adoran al pillán y al wekufe, pero se agrava para aquellos que, tras aceptar el cristianismo, vuelven a sus creencias indígenas y ‘a las mentiras de los viejos y hechiceros’, algunos de los principales agentes del ‘demonio’. Un enfoque que nos parece mucho más ‘ajustado’ desde un marco conceptual de la cosmovisión mapuche es el que nos dilucida Lionel Lienlaf (en Foerster, 1995, p. 76). Para el poeta, la creencia que los huinca[4] poseen acerca del wekufe es errada debido a que se identifica como algo malo al hacer cosas que, según la moralidad occidental, no se deben hacer. Sin embargo, enfatiza: “[el Wekufe, J. A. S. C. y C. I. V. A.] es un equilibrador. We quiere decir nuevo. Es el nuevo equilibrador. Kufe es el que amasa. O küfün, que es echarse a perder.” (Lienlaf en Foerster, 1995, p. 76).
La percepción del wekufe ha sido influenciada por la transculturación, proceso mediante el cual las creencias mapuches han incorporado elementos de la cultura occidental. Así, el wekufe ha sido homologado al demonio cristiano, aunque en la cosmovisión mapuche su rol es más complejo y está relacionado con el equilibrio de fuerzas en el universo. Bajo ese planteamiento, se puede afirmar que, al igual como ocurre en el caso del kalku —que se le atribuye el significado de ‘brujo’ o ‘hechicero’—, al no existir una palabra en el idioma castellano para traducir el mapudungun wekufe, por metonimia se le ha traducido como ‘demonio’ o ‘diablo’. Es decir, se acude a la imagen mental generalizada que se tiene del concepto ‘demonio’ de la cultura judeocristiana para asimilarlo con mayor facilidad. Lo mismo sucede en los casos: dios = ngenechen, virgen María = ngenechen kushe, santos y el papa = antepasados, diluvio = tren-tren, diablo
= wekufe, misa = nguillatún y bautis- mo = lakutún (Foerster, 1995, p. 121). Cabe aclarar que muchos demonios de la tradición demonológica cristiana han sido dioses de otras culturas. El caso más conocido en la cultura popular es el del dios mesopotámico pazuzu, entidad considerada tanto destructiva, al controlar los vientos, como una deidad protectora contra lamashtu, entidad asesina de bebés no nacidos o recién nacidos (Mark, 2017). Pazuzu fue instalado en la cultura popular como el demonio cul- pable de la posesión del personaje interpretado por Linda Blair en la película “El Exorcista” de 1973.
Conclusión
Como se pudo apreciar, los misione- ros siempre tuvieron un afán por reducir las entidades sagradas mapuche y, en algunos casos, compendiarlas en la palabra ‘demonio’. En la narrativa judeocristiana, el kalku es una figura negativa, asociada con la brujería y el mal. Esta visión ha influido en su percepción, aunque en la tradición mapuche, su rol es mediar entre el mundo humano y el mundo natural. Asimismo, el wekufe, más que un demonio, es un equilibrador, y sus acciones dependen del contexto en el que actúe. Sin embargo, la condena total de las adoraciones por parte de los colonizadores y los misioneros promovió una moralidad que invalidaría las bases culturales mapuches y las reemplazaría con los valores del cristianismo.
Hemos presentado elementos que demuestran la demonización de los seres y agentes espirituales kalku y wekufe por parte del pensamiento occidental judeocristiano llegado a América con la cultura europea. En ese sentido, esta llegada constituye un choque de imaginarios y formas de entender el universo entre una religión deísta y un sistema animista de pensamiento mitológico, a través del cual, por homologación, metonimia y transculturación, los seres y agentes mapuche han sido caracterizados por diversas fuentes coloniales como demoníacos, desconociendo por siglos el significado de estos en la cultura mapuche.
Notas
[1] El Diccionario de la Lengua Española define ‘mago’ en la tercera acepción a una persona perteneciente a una casta sacerdotal en la religión zoroástrica de los persas. Esto puede explicar el uso de la palabra ‘mago’ en la biblia el cual se presenta de una forma distinta a las definiciones vigentes que hallamos en la actualidad.
[2] La machi es una figura sagrada y una autoridad espiritual que actúa como intermediaria entre el ámbito terrenal y el espiritual, con el pro- pósito de garantizar el bienestar integral de su comunidad (Montecino, 2015).
[3] Una definición actual del wekufe es la que nos entrega Montecino (2015, p. 340): “Con este término, los mapuche designan ampliamente al mal, concebido como una fuerza (Lenz, 1910) o un poder que actúa en muchos espacios, pero especialmente en la vida de las personas, a quienes enferma y mata. (…) Se lo define así como un espíritu maligno cuya fisonomía varía de acuerdo al elemento en que se mueve (aire o agua) provocando terrible daño a las personas o animales mediante el aire que respiran”.
[4] “Etimológicamente, [huinca] proviene del mapudungun wingka que significa ‘nuevo, s’ (we) ‘incas’, ‘invasores’ (ingka), es decir, ‘nuevos invasores’ (‘los que vinieron a invadirnos después de los incas’)” (Merino, 1999, p. 155 − 163).
Bibliografía
- Arriaga, P. (1621). Extirpación de la idolatría del Perú. Biblioteca Na- cional de Chile.
- Biblia Reina Valera. (1960). https://www.biblegateway.com/ (consulta: 13.12.2024)
- Cárdenas, R. (2017). Diccionario Chilote Mapuche. Obra financiada con el aporte del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
- Diccionario de la Lengua Española. (s.f.). Mago. https://dle.rae.es/mago (consulta: 16.12.2024)
- Foerster, R. (1995). Introducción a la religiosidad mapuche. Editorial Universitaria.
- Mark, J. (01.02.2017). Pazuzu. World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/Pazuzu/ (consulta: 19.12.2024)
- Merino, M. (1999). Análisis crítico del discurso de machi. Una mirada al discurso inter e intragrupal en un contexto de dominación. Estudios Filológicos, 34, p. 155 − 163.
Sobre el autor

Javier A. Soto Cárdenas es escritor y doctor en Ciencias Humanas mención Discurso y Cultura.
Sobre la autora

Catalina I. Vergara Araya es licenciada en Educación y profesora de Lengua Castellana y Comunicación.


